Ayer fui a depositar el dinero de la inscripción para el próximo semestre y el solo pensar en que debo volver a estudiar me puso mal; pero tuve mucho tiempo para reflexionar y estoy feliz porque me di cuenta de:
¡Cuanto me quiero! En realidad para ser sincero, ME AMO ¿Qué haría yo sin mi? ¡Que suerte la mía por conocerme de toda la vida! Desde el día en que nací he estado conmigo. Prometo nunca dejarme solo. Me acompañaré siempre a donde quiera que vaya.
Antes de que yo naciera mi mamá me tuvo dentro de ella durante nueve meses ¡Que Afortunada! Fue la primera en conocerme; desde entonces la he dejado ser mi mamá de día y de noche. Ella y mi papá me quieren mucho; y les doy toda la razón ya que soy adorable. Son personas muy inteligentes.
Mi papá la pasa bien trabajando para comprar mi comida mi ropa y mis cosas. Si no fuera por mi no tendría que ir a la oficina y se quedaría aburrido en la casa. Por eso me preocupo de comer toda mi comida aunque mi mama la prepare de la forma menos apetitosa posible y no me guste tanto, de ponerme mucha ropa aunque me de calor y de usar todas mis cosas al mismo tiempo, ¡Que buen hijo soy! Reconozco que los consiento demasiado, pero no puedo evitarlo SOY MUY BUENO.
La universidad me encanta. Yo se que existen varias, pero no me puedo estar yendo cada día a una diferente. Me da tristeza por todas las personas que se quedan sin conocerme, pero yo solo puedo ir a una. Mis profesores son muy entretenidos y simpáticos, siempre me ponen buenas notas ellos también fueron niños, fueron al colegio y a la universidad aprendieron muchas cosas y todo para enseñarme a mi ¡Que orgullosos deben estar!
Luego de clases y los fines de semana estoy en mi cuarto y sentado ensayo mis discursos de agradecimiento, para cuando me entreguen todos mis premios, mis diplomas y mis medallas "Gracias Gracias. Me doy gracias a mi mismo por mi apoyo, Todo me lo debo a mis propios meritos"
Otra cosa que hago es llamarme por teléfono pero siempre suena ocupado, Seguramente es porque estoy haciendo cosas muy importantes, como por ejemplo llamarme por teléfono.
Además escribo cartas y las escondo debajo de mi almohada. Siempre las descubro rápidamente. Ayer me escribí una carta sin ponerle mi firma pero soy tan astuto que reconocí mi letra y supe que era yo, así que me contesté. No sé si alguien más será capaz de responder cartas anónimas.
Cada noche cuando me acuesto rezo y le doy gracias a Dios por haberme hecho a mí junto conmigo ¡Que sabio es Él, con razón es Dios, hace todo bien!... Mientras duermo me echo mucho de menos pero que alivio es despertar en la mañana y volverme a encontrar.
Creo que tengo un pequeño problema de Egocentrismo y todo se lo debo al libro "Ay, ¡Cuanto me quiero!" de Mauricio Paredes